¡INDIGNADA!
 
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            Hoy he quedado a comer con JC.

            —Lili, guapa, a ver si con éste tienes más cuidado —me dice con seriedad a la salida de la tienda de V…—. Cómo lo vuelvas a romper no sé qué vamos a hacer.

            Lo miro ofendida.

            —Se me cayó —contesto.

            —Sí, eso —JC no está convencido de esta versión; lo noto. Trato de obviarlo: ¿qué culpa tiene él de conocerme tan bien?

            Pero yo estoy feliz. He cambiado de compañía telefónica (tras cinco años de estrecha y, para qué negarlo, a veces tensa relación, he dicho adiós a M…) y cómo premio a tan manifiesta infidelidad, V… me ha regalado una Blackberry (¡bien!) y una funda preciosa rosa chicle a prueba de caídas (esto en realidad me lo ha regalado JC; chico precavido, mi novio).

            Lo cierto es que me siento más ligera, sin la pesada carga de las miles de reclamaciones que había puesto en M… Ha sido como una limpieza de aura, como el condenado al que cancelan los antecedentes penales. ¡Nadie me conoce en V…! ¡Puedo empezar de cero! ¡Voy a ser una cliente modelo!

            —Este teléfono me va a durar para siempre —le digo a JC llena de esperanza, mientras caminamos hacia el Vips.

            —Si te dura medio año me conformo —responde con poca fe.

            Ya verá, ya… Cuando seamos viejecitos, y les diga a nuestros nietos “mirad, niños, éste móvil tiene cuarenta años”, entonces me creerá. Me mirará con los ojos empañados por la culpa y…

            Pero hasta entonces mejor cambio de tema. La nubecilla que nos acompaña desde que el móvil viejo se escapó de mis manos y se suicidó tirándose desde al menos un metro de altura no termina de desaparecer…

            —Esta mañana he hablado con Borja —le digo, enganchándome de su brazo—. Está indignadísimo. Y me ha dicho que le llamemos Manu.

            JC frunce el entrecejo.

            —¿Qué?

            —Es que es un indignado —le explico—. Anoche estuvo en la Puerta del Sol y en la Plaza Mayor —añado.

            —¡Anda ya! ¿Borja? —pregunta incrédulo—. ¿Tu compañero de la universidad? ¿El pijo ese que trabajaba en el despacho de su padre?

            —Manu, nada de Borja —contesto—. No le tomaban en serio en las asambleas, así que ahora se llama Manu —normal; ¿cómo va a llamarse Borja un indignado?; es una manifiesta e indiscutible contradicción —. Ha dejado el trabajo para dedicarse plenamente a la causa; es otra persona.

            —¿Pero está bien? —la voz de JC denota preocupación; siempre le cayó bien Borja…, digo Manu.

            —Bueno, un poco decepcionado porque no consiguió que lo detuvieran —ya ves, siempre pensé que con mirar mal a un policía, directa al cuartelillo—. Aunque se llevó un par de golpes de porra y tiene un cardenal. Hasta ha colgado una foto en internet.

            En ese punto yo tengo mis dudas: parece un manchurrón de lápiz de ojos…

            —No —dice JC, negando con la cabeza—. Que si está bien de la cabeza —aclara con sorna.

            —¿Por? —pregunto, recelosa.

            —Porque eso de los indignados es una tomadura de pelo, Lili —responde—. Al principio tuvo su interés, pero ya…

            —No sé por qué dices eso; lo único que hacen es luchar por sus derechos —y añado, un poco molesta: — ¡Por los derechos de todos!

            —¿Y qué derechos son esos? —clava sus ojos en los míos, esperando una respuesta.

            —Pues una casa, y un trabajo, y un sueldo digno… —¿y qué más?; había algo superimportante que no recuerdo… ¡Ah, ya! —. ¡Y que los políticos dejen de robar y se dediquen a servir al pueblo, que para eso están!

            —Pero no pueden tomar el centro de Madrid y montar allí su chiringuito —replica JC, inflexible.

            —Mira que eres cerrado de mente a veces. ¿Por qué no? Sus reclamaciones son para el bien de todos.

            —Pues que hagan un partido político y vayan a las elecciones. Es más lógico, ¿no?

            —¡Sabes perfectamente que no les da tiempo! —me está poniendo más nerviosa…

            Mi novio levanta las cejas expectante. ¿Realmente se lo tengo que explicar?

            —No tienen un líder, ni cancioncilla, ni símbolo. Y el color es difícil, porque los buenos, que son el rojo y el azul, ya están cogidos —en esto he pensado mucho—. El rosa no está mal, pero parece como más dirigido a un público femenino; además, es el de UPyD. Y qué les queda, ¿el amarillo? No, porque da mal fario cuando salgan en la tele; ¿el naranja?..., uf, es difícil de combinar: ¿de qué color se pone entonces el líder, que no olvidemos que no tienen, la corbata? Que un fondo naranja es complicado… El verde tampoco lo veo, es como muy… verde…

            JC suelta una carcajada.

            Giro la cabeza y lo miro con severidad. ¿Se está pitorreando de mí?

            —¡Eh, que estoy hablando en serio!

            Trata de contener la risa pero no lo consigue.

            ¿Será posible?

            —¡Que sepas que pienso ir a la próxima acampada! —exclamo ofendida.

            ¡Hombre ya! ¡Qué difícil es que la tomen en serio a una!

            —No te enfades, Lili —trata de calmarme JC.

            —¡Y que sepas que yo también soy una indignada! —añado, desafiante—. ¡Igual hasta me hago un par de rastas!

            —¿Un par de qué?

            —¡De rastas! ¡De churros de esos en el pelo!

            —Vale, vale —dice JC, conciliador

            —¡No, no vale! —¡esta vez me he enfadado de verdad!

            JC me coge por los hombros con cariño.

            Bueno…, eso está mejor…

            —Sí quieres, esta noche montamos una tienda de campaña en la plaza de Prosperidad en plan protesta tú y yo.

            Mmmm… Lo miro dubitativa…

            —Y nos llevamos un infernillo y hacemos unas chuletas o algo —me dirige una mirada llena de inocencia que me desarma—. Y pedimos que nos bajen la hipoteca, y los recibos de la luz y del agua.

            JC es un sol.

            —Estás loco —respondo con cariño—. Pero no podemos.

            —¿Por qué no?

            —Porque nos echarían —aunque la idea es tan romántica…—. ¿Cómo vamos a acampar por las buenas en un sitio público?

            Un momento… Vuelvo la cara poco a poco y ahí está…

            El triunfo…, en los ojos de JC.

            —Cariño, tú vales mucho —reconozco con humildad.          
           

 
04-VIII-11