LOS LÍOS DE LILI
 
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           Bueno, bueno, bueno… Aquí, estamos, El Mundo y El País, el banco en el parque y yo.

            La cosa hoy está interesante, con el lío de la reforma de la Constitución, los indignados revoltosos, la policía desbordada…

            ¡Ah, y el dedo de Mourinho! ¿A quién se le ocurre? He repasado todas las peleas que presencié en el patio del colegio y no recuerdo nada igual. Patadas sí, y puñetazos, y tirones de pelos… ¿Pero dedos en el ojo? No, no me suena; ¿de dónde lo habrá sacado?

            Vaya…, el móvil…, una llamada…

            —Hola, mamá —la saludo al ver su nombre en la pantalla.

            —¡Cariño, tú no tomabas estragón? —me pregunta alterada—. Es peligrosísimo, lo llevan diciendo toda la semana en la tele.

            —¿Estragón? —¿qué es eso? —. No, ¿por qué?

            —Porque hay un montón de gente joven muriéndose por tomar eso y…

            ¿Muriéndose? ¿Por el estragón?

            —… me he acordado de que es lo que tú le echas a la pizza y me he dado un susto y le he dicho a tu padre…

            ¿A la pizza?

            —No sé de qué hablas, mamá, pero yo a la pizza sólo le echo orégano —contesto sorprendida.

            —¿Orégano?—pregunta mi madre—. ¿Nada de estragón? ¿Seguro?

            —No, nada de estragón —sea lo que sea—. Segurísimo.

            —Menos mal, me quedo más tranquila. Un beso, cariño, que no llego a la peluquería.

            —Otro beso —respondo, pero ya ha colgado.

            Las llamadas de mi madre me descolocan, la verdad…

            ¿Otra vez el móvil? ¿Y ahora quién es?

            —¿Papa? —pregunto.

            —Hola, Lili. Dice mamá que tampoco tomes estragón en las fiestas esas a las que vas los fines de semana.

            —¿Qué fiestas —si ya tengo treinta-y-alguno-más años, por Dios; hace siglos que no voy a fiestas—. ¿Y qué es el estragón?

            —La cosa ésa que tomáis los jóvenes ahora —responde, y añade—. Estamos muy preocupados, Lili, que tú siempre has sido un poco alocada.

            —¿Yo? —alucino.

            —Sí, cariño, y nos da miedo verte un día en la tele con los camiones esos que llevan música y…

            Ay, madre, que me parece que ya sé de qué habla…

            —Papa, ¿no te estarás confundiendo con el estramonio y las raves? —dos palabras que no conocía nadie y de las que ahora todos hablan…

            —¡No, Lili, no me escuchas! —se ofende mi padre—. Hablo de estragón y fiestas. Y de qué siempre te ha gustado mucho la calle y a ver si nos vas a dar un disgusto, ahora que parece que te estás centrando y…

            —Vale, papá, nada de estragón ni de fiestas. Te tengo que dejar, que entro ya en la oficina. Un beso —le digo casi sin respirar y cuelgo.

            ¡Que estrés, de verdad!

            Bueeeno… Creo que voy a empezar hoy por la sección de la tele de El Mundo, a ver si me relajo un poquito…

            ¿Otra vez el teléfono?

            —Hola, don Francisco —saludo educadamente. Es mi jefe, el del periódico. No lo he tratado mucho aún, pero parece buena gente. Aunque no me paga… En fin, de algún modo hay que empezar en esto de la escritura…

            —¿Qué tal va el artículo, Lili? —me pregunta.

            No va, con tanto teléfono es imposible.

            —Va bien.

            —Estaba pensando que podrías escribir sobre Fredy.

            —Claro —sobre lo que me diga; ¿Freddy Krueger?, pues sobre Freddy Krueger—. Pero creo que está un poco pasado de moda; quizás sería mejor hablar de vampiros, que se llevan más —sugiero.

            —¿Fredy Rubalcaba cómo un vampiro? —¿hablaba de ese Fredy? ¿Por qué no lo llama Rubalcaba, como todo el mundo? ¿Me está poniendo a prueba? —. Mmmm —silencio que dura unos segundos que se me hacen eternos—. ¡Me gusta!

            ¡Bien! Suelto el aire que he estado conteniendo mientras me temía un despido fulminante; claro que no sé qué voy hacer con Rubalcaba y unos vampiros…

            —Y a ver si puedes también mencionar a la Junta, ya sabes, con los EREs y eso.

            —Sí, claro —respondo un poco agobiada.

            El tema de la Junta, que apasiona a don Francisco, a mí me da un sueño… No sé si será por la distancia geográfica (yo vivo en Madrid) o porque el tinglado comenzó antes de mi nueva vida como L.D.P.S. (ya sabes, Lectora de Periódicos Serios), pero no termino de pillarle el punto.

            Y ya sí hablamos de escribir un artículo con Rubalcaba, vampiros, la Junta de Andalucía y los EREs…

            —Mándamelo esta tarde, ¿de acuerdo, Lili? Un abrazo.

            —Vale —consigo decir.

            Vuelvo a coger El Mundo. Decido pasar de la tele y busco el horóscopo.

            Aries: trabajo: la rutina amenaza con desmotivarte. Huye de ella.

            Ya, ya… Igual no soy Aries; igual llevo toda la vida pensando que nací en abril cuando en realidad nací en septiembre y soy Virgo; eso tendría más sentido.

            Virgo: trabajo: un reto que parece inalcanzable

            ¡Pero bueno! ¿Será posible? ¡Otra vez el teléfono!

            —Hola, Eli —es mi hermana pequeña. Quizás a ella se le ocurra algo para el artículo.

            —¿Te has enterado? —me pregunta histérica—. ¿Puedes creerlo? ¡Desde luego que vamos a ir a la huelga! ¡Faltaría más!

            —¿Qué?

            —¡La Espe, que quiere que demos dos horas más de clase! —está fuera de sí—. ¡Como si dieciocho horas con esos demonios adolescentes no fuesen suficientes!

            Vale, ya lo pillo… Te cuento: Eli es profesora de secundaria, así que imagino que habla de la decisión de Esperanza Aguirre de que pasen de 18 a 20 horas lectivas, lo que a mí me parece fenomenal. Claro, que a ella no se lo voy a decir; no soy tan valiente.

            —Es tremendo —le doy la razón, aunque con poco entusiasmo.

            —¿Tremendo? ¡Es una vergüenza! ¡Eso es lo que es!

            —Hombre, Eli, yo trabajo más horas y tampoco es tan grave.

            —¿Ya estás haciendo populismo? —madre mía, cuánto daño ha hecho Sálvame con esa palabra—. ¡Pues haberte sacado una oposición! ¿Tú sabes lo que me costó? ¿Las horas de estudio que…

            —Eli, tengo que colgar, que me está llamando mi jefe. Un beso.

            ¡Ay, madre, ay, madre! ¡Me están dando unas ganas de estampar el teléfono contra el suelo…! Sólo me detiene el pensar en JC: creo que cómo se me caiga otro móvil me deja.

            Bien…, voy a tranquilizarme…

            ¿Otra llamada? ¡¡¡Es que no puedo más!!!

            —¡Dime, Javi! —le chillo a mi cuñado, el hermano de JC, cuando contesto.

            —¡Lili, qué grito! ¿Estás bien?

            ¡Ups!

            —Sí —respondo, en un tono normal—. Perdona; pensé que tenía el manos libres conectado.

            Pobre…, no voy a pagar con él las llamadas anteriores.

            —¿Has hablado con Eli? —y oigo cómo se ríe—. Estará hecha un demonio con lo de las veinte horas.

            Me separo el teléfono y lo miro alucinada. Parece inofensivo. Me lo vuelvo a acercar al oído.

            —… y ya está bien que nosotros los maestros tengamos a los niños veinte horas sin poder ir ni al baño y los de secundaria, con toda su cara… —oigo a mi cuñado como en un sueño. Sí, lo has adivinado: es maestro de primaria.

            Sólo veo una salida: voy a colgar. Y voy a desconectar el móvil.

            Mucho mejor. Está claro que hoy está poseído por algo malévolo.

            ¿Fredy, quizás?

                       

 
05-IX-11