LA HUELGA DE RUBALCABA
 
13
 

 

         Jueves, 29 de marzo de 2012.
         9:24 de la mañana        
         ¡Llego tardísimo! ¡Madre de Dios, si yo soy un ejemplo de puntualidad al más puro estilo británico!
         No concibo que me haya creído capaz de desayunar, ducharme y vestirme en cinco minutos y haya atrasado el despertador hasta las ocho y cuarenta y siete. ¡Estoy perdiendo la cabeza! Son los estragos del insomnio. Y del Lexatín que me tomé a las tres de la mañana llevada por la más absoluta y desvelada desesperación.
         Cierro la puerta de casa y echo a correr, mientras busco en mi bolso el metrobús y elevo una plegaria a vete tú a saber quién para que el metro cumpla de verdad los servicios mínimos. Y para que esos mínimos no lo sean tanto.
         ¡Ups, me he estampado! ¿Qué demonios…?
         Joooo, es Monikey… (*)
         —¡Lili! —exclama, mi vecina, haciendo equilibrios con los brazos para no caerse—. Qué casualidad encontrarte porque necesito hablar contigo.
         —No puedo, Monikey, que llego tardísimo. Luego te llamo —y continúo mi camino hacia el metro.
         —¿Tienes mi teléfono? —pregunta con suspicacia. Me ha pillado: claro que no, y antes me corto la mano que grabarlo en mi BlackBerry—. No importa, sólo es un segundo. Corren rumores por la comunidad de que estamos pagando el IVA.
         Me paro en seco y la miro:
         —¿Qué IVA? —uy, uy, uy… Verás tú como el administrador me esté haciendo el lío con las cuentas…
         —El de los albañiles que han arreglado la garita del portero y el del pintor que ha tapado las humedades —responde y clava en mí dos ojillos diminutos.
         ¡Ah, vale!
         —Sí, claro —contesto, y retomo mi trotecillo ligero en dirección al metro.
         —¿Cómo que “sí, claro”? ¡Nadie paga el IVA de esas cosas! ¿Somos tontos o qué? —me voy alejando cada vez más de ella—. ¡Porque estoy de huelga y he quedado con unas amigas para ir a Sol, pero ya hablaremos, ya!  ¡Y de esto se van a enterar todos los vecinos! ¡¡¡Todos!!! —sentencia.
         No, no saco conclusiones: ella verá la coherencia de evadir impuestos para perjudicar al país y hacer huelga para salvarlo. ¿Quién soy yo para criticar el modo en que cada uno encuentra el equilibrio?
        
         Jueves, 29 de marzo de 2012.
         10:05 de la mañana.
         Cuando al fin consigo salir del metro estoy sudando como un pollo. Me abanico con la mano, con el Cuore y con una novela de Wodehouse, todo a la vez. Subo las escaleras y salgo a la calle. Respiro profundo y …
         ¡Eh! ¿Quién me está pitando? ¡Si me están insultando!
         —¡Vas a cargarte el país, facha de m…! —me dice un hombre que sostiene una pancarta.
         ­—¿Perdón? —le pregunto.
         —¡Gente como tú es la que nos está llevando a todos a la ruina! —contesta a grito pelado.
         —¿Cómo yo? —¿de qué habla? Si no me conoce de nada.
         —¡Sí, como tú, aborregados!
         ¿Me está llamando borrega? Esto es demasiado…
         —¿Pero que te has creído, pedazo de animal? —le increpo. El altercado con Monikey y el aplastamiento que he sufrido en el metro y que ha estado a punto de costarme la vida me tienen fuera de mí—. ¿Ves esta camiseta? Zara. ¿Y este pantalón? Zara también. ¿Botas? —espero a que el tipo me conteste, pero se calla—. ¡Zara! ¡Pago al menos media nómina de una empleada de Zara, tío listo!
         Decirme a mí que me voy a cargar el país…
         Me doy la vuelta, desbordando indignación por lo injusto de la situación, y me encamino a la agencia de detectives. Porque yo hoy no hago huelga.
        
         Jueves, 29 de marzo de 2012.
         15:05 de la tarde.
         No sé cómo he acabado en medio de esta manifestación. Iba a entrar en Rodilla a tomar un sándwich y de repente me he visto arrastrada por un grupo de estudiantes que me han espachurrado y me han llevado prácticamente en volandas hasta Gran Vía. Ahora la gente se ha diseminado y vuelvo a poder andar con cierta libertad, aunque con sumo cuidado: hay fanáticos tirados en el suelo (y alguna chica en bikini que aprovecha la situación para tomar el sol).
         —¿Está usted de huelga, señora?
         Levanto la vista.
         ¡¡¡Oh!!! ¡¡¡Es la tele!!!
         ¡En serio! Un chico joven sostiene ante mí un micrófono mientras otro me graba. ¡Ay, madre, que ilusión!
         ¿Cómo les voy a decir que no? ¡Qué yo quiero mis cinco segundos de gloria!
         —Señorita —oh…, se me ha escapado; los de la tele me pueden decir señora y hasta venerable anciana si quieren—. Sí, por supuesto.
         —¿Y las razones que le han llevado a secundarla? —el chico me mira con atención.
         Mmmm… razones… No, de eso no tengo. Pero me sobra imaginación…
        
         Jueves, 29 de marzo de 2012.
         21:15 de la noche.
         —¿En serio les has dicho a los de la tele que estabas de huelga sólo para que te grabaran? —me pregunta JC, atónito.
         —Sssshhhh —respondo—. Tengo que estar a punto de salir.
         ¡Que emocionante! Se lo he dicho a todo el mundo: ¡voy a ser famosa!
         —¿Te parece coherente? —mi novio se está poniendo de un pesado…
         —No mucho —no tiene sentido mentir—. ¡Ahí está, es el chico que me ha entrevistado! —exclamo, nerviosísima, señalando la pantalla del televisor. Reconozco a varios exaltados con los que también habló. Ahora voy yo…, ahora voy yo…
         ¡Eh, que no he salido!
         En la pantalla cambian de plano y desaparece mi manifestación.
         —¿Han ido ustedes a la huelga? —pregunta una voz femenina a una familia que detiene el coche delante de un colegio.
         —Sí, venimos de las cocheras de los autobuses. Hemos madrugado y todo —responde el padre, henchido de orgullo y blandiendo una banderita. Abre la puerta y se baja un niño, que entra en el colegio.
         —¿Y el niño no hace huelga? —la voz femenina adopta un tono irónico.
         —¡Uf, no, que su madre y yo tenemos que descansar! —y se aparta para que la cámara enfoque a una mujer risueña.
         Ya, ya, ya… Suerte que el colegio de su hijo no hace huelga…
         Miro a JC totalmente alucinada.
         —¿Y eso qué? ¿Eso es coherente?
         Paso del telediario, que asco de noticias. Cojo el mando y pongo la MTV, a ver si hay suerte y pillo el programa ése en el que unas madres horrorosas llevan a sus hijas a un centro de tortura disfrazado de academia de baile.
        
         Acepto mi parte en el pastel de la incoherencia del mundo en el que vivimos, pero no tengo intención de empacharme. Que cada uno coja su porción y se la coma. Con sentido del humor se traga mucho mejor.

(*) En un arranque de aburrimiento/valentía/locura me presenté voluntaria y soy presidenta de mi comunidad de vecinos. Monikey es la más querida de todos ellos.

 

 
30-III-12